Dándole
vida al desiert
o


Rafael Quevedo, el hombre que cambió la cara del norte del país; pionero de la agroindustria en el desierto y fundador de unos de los grupos empresariales más destacados del Perú.

"Con algo de ahorros y puesta
en garantía de mi camioneta
en el Banco Agrario, empezó
la ave
ntura"

7,000

personas emplea el Grupo Rocío a lo largo de sus empresas de avicultura, agroindustria y ganadería.

+2,900

de producción industrial maneja el Grupo Rocío, entre espárragos, paltas y arándanos, principalmente.

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mercados destino tienen sus exportaciones, entre ellos Alemania, Rusia, Australia, EE.UU.

Con 31 años, casado y dos hijos, Don Rafael Quevedo inició el proyecto de la empresa propia, para ser hoy quien le dio vida al desierto del norte, y líder de una de las empresas agropecuarias más importantes del país. Nacido en Huamachuco (La Libertad) y primogénito de siete hermanos, Don Rafael estuvo siempre relacionado con la actividad agropecuaria por su familia, que en ese entonces era propietaria de las haciendas La Victoria y El Lirio. A los nueve años, por solicitud de su abuelo Isaac Flores, consciente de la importancia de los estudios, se traslada a Lima para estudiar en el colegio San Luis de Barranco, retornando sin falta en vacaciones a sus raíces: el campo. Pasaban los años y su interés por el agro crecía cada vez más. Es así que terminando el colegio (1953) ingresa directamente a la Escuela Nacional de Agricultura, hoy la Universidad Agraria La Molina. La idea era que él anejase los fundos familiares al graduarse, y hasta que eso llegase se enfocaría en poner en práctica lo aprendido.

Llegó el último año de carrera y era hora de elegir la tesis. Don Rafael escogió acerca del engorde de ganado, algo que le interesaba pero que también le serviría para desarrollar el fundo. Para su suerte, su tema de tesis cambió.


“Quería ser ganadero y para los estudios una ganadera del centro de Junín proveía ganado a los estudiantes para su investigación. Por alguna razón que desconozco hasta hoy, el ganado que me tocaba recibir nunca llegó”. Es así que, una de las más grandes influencias en su vida, el Dr. Antonio Bacigalupo –su profesor- le aconsejó hacer una tesis sobre nutrición avícola. «Me dijo: “Cambia la tesis por una relacionada con aves; solo te tomará unas ocho semanas”. Lógicamente, el corto tiempo me emocionó, aunque la verdad que duró más de un año». Lo aprendido por Don Rafael en ese tiempo resultó ser algo extraordinario, y el inicio de una carrera que no pararía.

"Siempre he sido creyente que la mejor fórmula para crecer es la reinversión, reinversión, reinversión.
No recuerdo haber repartido utilidades hasta después de 30 años -y un porcentaje pequeño-,
sino paralizas el negocio"

1986: Rafael Quevedo en la primera cosecha de espárragos con riego tecnificado.

2004: Aprendiendo del cultivo de duraznos (Zimbabue).

2016: Líder Empresarial del Cambio - "Trayectoria de innovación para el desarrollo del país.

2017: En sus oficinas en Trujillo en
entrevista para nuestra revista.

Un "pollo" a la vez

Luego de su exitoso estudio –su tesis fue recomendada por la universidad para ser publicada por su excelencia-, regresó al fundo familiar en busca de impulsar el negocio, pero las diferencias de opiniones lo llevaron a buscar nuevos horizontes, hasta llegar al fundo El Carmelo en Virú, tierra en la que se originaría el Grupo Rocío. Quienes lo contrataron fueron los señores Hernández De Agüero, para administrar el fundo El Carmelo. Posteriormente, el Sr. Almendariz y el Sr. Dulanto, dueños de la fábrica de escobas Leopardo, hechas con panojas de sorgo -una especie de paja la cual cuando está madura se separa del grano y se utiliza, solo la panoja, para las escobas-, lo contrataron. “Me comentaron sobre lo poco que les pagaban por el grano, y les sugerí que lo convirtieran en carne, siendo fuente de engorde para ganado u otras especies.

En ese entonces trabajaba en otra empresa que me trasladó a Ica; luego de dos meses de ello se apareció el Sr. Almendariz para hacer una propuesta”. Es así que Don Rafael pasó un tiempo cultivando sorbo escobero y conociendo todos los valles de la zona. Al poco tiempo empezaron la primera integración avícola (pollos, planta de alimentos e incubación), y el timing no pudo ser mejor, pues el boom de la pesca en Chimbote de la mano de Luis Banchero Rossi fue una catapulta.

“En esos años, las aves se consumían en cumpleaños; el mayor consumo era de ganado, pero con el efecto multiplicador impresionante de Chimbote, el consumo de alimentos se disparó; el pollo se consumía en gran cantidad y llegaban a recogerlos en taxis, mototaxis; en todo lo que se pudiera”.


El potencial era tan grande que Don Rafael no quería perder la oportunidad, más aún con la familia y el incremento de los gastos por la época de colegio y lo que todo matrimonio afronta. Es así que le propuso a sus jefes asociarse, aunque la oportunidad no se pudo dar. Es allí que apareció la familia para darle el empujón que necesitabaEn ese momento, un tío de su esposa (Óscar Pérez Reyes) lo anima a dar el primer paso y constituir El Rocío S.A. “Con algo de ahorros y puesta en garantía de mi camioneta en el Banco Agrario, empezó la aventura”. Así nace en 1967 el Grupo Rocío, con 2,000 pollitos, tres trabajadores (Don Rafael, su esposa y un socio) y mucho por hacer.


Al poco tiempo, llegó la Reforma Agraria, y con ello la dificultad por tener tierras en los valles era muy grande, pues todo estaba siendo expropiado. “Había una anécdota graciosa en ese tiempo, ¿cuál fue el colmo de la reforma agraria? Pues haberle expropiado el huerto de su amada a Felipe Pinglo (famoso autor del vals ‘El huerto de mi amada’)”. El desierto estaba deshabitado y tenía un factor clave para la avicultura: la arena. Antes de ese momento se usaba viruta para los galpones de pollos, pues absorbían la humedad.

Debido a que no había en ese entonces una industria maderera desarrollada en el norte, se llevaba viruta desde Lima.


Un fenómeno de El Niño ocurrió y los huaicos bloquearon la carretera: la viruta no iba a llegar. Don Rafael pensó en la arena como una opción, así que la analizó, no encontró ninguna bacteria ni hongo, era totalmente estéril; era lo que necesitaba. Así empezaron a llevar arena a los galpones. “Un trabajador nos enseñó que debíamos ponerle una bolsa de azúcar para que el pollo aprenda a diferenciar, pues sino se comían la arena, y ya te imaginarás el resultado”.


Dieron el siguiente paso lógico: se mudaron al desierto. Fueron las primeras granjas en el desierto peruano y se iniciaron en Trujillo. Para ese entonces se especulaba sobre la posible expropiación de la avicultura para producir “Pollo Perú”, y esto alertó a Óscar Pérez Reyes, su socio, el cual prefirió solo enfocarse en la planta de alimentos e incubación. Siguieron trabajando juntos pero a la par Don Rafael se la jugó y mantuvo los galpones. “La Reforma Agraria fue una época muy dura: no daban préstamos para el agro; colapsó y duró mucho tiempo. Creo que desde ahí a nuestra generación es conocida como la de “vocación de corcho”, pues hemos sabido flotar sobre todas las experiencias políticas que ha vivido el Perú en estos 50 años, que han sido muy variadas y múltiples”.

El sueño
verde

El agro nació a raíz de su paso al desierto con el proyecto avícola. Aunque no tuvo el respaldo que esperaba, dejó sorprendidos a todos. Don Rafael participó en el peritaje para el Gobierno Regional: un estudio para la firma israelí Tahal Water Planning sobre la riqueza del agua del subsuelo de los valles de La Libertad. Ese estudio sirvió para que se tomara conocimiento de la situación del agua subterránea y su ubicación, no solo en los valles, sino también en el desierto. Es ahí donde se fue ubicando las zonas con agua. Los pozos desarrollados daban demasiada agua, así que buscaron aprovecharlo para el agro. “Soy agrónomo; esto era lo mío”.


Don Rafael decide viajar entonces a Israel (Hatzerim) para aprender más sobre la revolucionaria tecnología de riego que habían desarrollado, pues el drip irrigation (más conocido como riego por goteo) era lo que se necesitaba. Invita a los técnicos de irrigación al Perú, pero estos desestimaron la viabilidad de hacer agro ahí. “El desierto de Chavimochic es 99% arena; no es como el Néguev que contiene limo y arcilla.

No pensaron que sería posible; parecía una locura pero yo estaba seguro de que con el agua y generando microorganismos en la arena lo iba a lograr”. Don Rafael ya había visto cómo algunos de sus trabajadores hacían pruebas usando el estiércol de los pollos y agua para sembrar maíz, y los resultados eran buenos. Con todo el conocimiento adquirido, para mediados de los 80’s importa los primeros equipos de riego tecnificado, que junto al desarrollo de compost y humus darían vida al desierto. Particularmente, al traer la tecnología punta de riego, la empresa Netafim (hoy la empresa de riego más grande del mundo) le pide que sea su representante y distribuir la tecnología de riego por todo el país.

Los resultados fueron extraordinarios. Don Rafael había sembrado 200 hectáreas de espárrago, y vaya sorpresa que se llevaron. En la zona, para ese entonces se obtenía hasta 500 kg de espárragos por hectárea -en la primera cosecha-, y la producción del Grupo Rocío se disparó, alcanzando en una primera cosecha 5,000 kg por hectárea (1986), batiendo todos los récords mundiales y perfeccionándose hasta alcanzar los 10,000 kg por hectárea en primera cosecha.


En 1989 se crea Talsa, una de las agroexportadoras más importantes del país y pionera de muchos desarrollos. “El desarrollo que hicimos fue tan bueno que ProInversión hizo el roadshow del proyecto de irrigación Chavimochic en nuestras tierras. Nosotros vendimos 4,000 hectáreas de riego para la gente que compró en la subasta”. Entre los participantes, unos ejecutivos extranjeros propusieron asociarse en la producción de palta y así lo hicieron; el grupo seguía creciendo y diversificándose. “Siempre he sido creyente que la mejor fórmula para crecer es la reinversión, reinversión, reinversión. No recuerdo haber repartido utilidades hasta después de 30 años -y un porcentaje pequeño-, sino paralizas el negocio”.


De ahí, la crianza de ganado fue un paso adicional. Así en el 2006 nace Láctea, que hoy produce cerca de 100,000 litros diarios de leche. Pero no es hasta el 2011 que aparece el arándano en escena, y no es que no hayan estado cultivando más productos (alcachofas, pimientos, mandarinas, espárragos, paltas, entre otros), sino que dieron cabida a un producto inimaginado para el desierto.

“Nunca me imaginé haber logrado todo esto. Hemos pasado por todo tipo de momentos, perohe tenido grandes satisfacciones, desde promover al desierto como un área más de desarrollo, generar trabajo y tener a mi familia a mi lado, trabajando por un país más desarrollado y productivo”

Y es sin dudas uno de los proyectos de los que se enorgullece más pero por algo en especial, pues su nieto (agrónomo también) había sidoparticipe de este proyecto. “El desarrollo de los arándanos ha sido por Ulises (su hijo, hoy gerente general del Grupo) y mi nieto, agrónomo como yo. Desde mi trinchera los ayudo pero es importante saber cuándo dejar paso a la nueva generación, sin aferrarse a lo hecho; tan solo ayudar a las siguientes generaciones a ser mejores y ello da resultado”.

Y no es para menos, pues en esta campaña, que terminará en febrero o marzo de 2018, estarían exportando poco más de 20,000 toneladas de arándanos.


Hoy, el Grupo cuenta con laboratorios de investigación y desarrollo, y sigue en búsqueda de mayores proyectos. Don Rafael no para, y con sus 82 años sigue trabajando, compartiendo experiencia y conocimiento, ya sea en Tarapoto o en la sierra a 4,000 m.s.n.m., asesorando sobre todo a la ganadería.

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